BLW a partir del año

¡Hola!

Aquí estoy de nuevo. Mira que siempre me propongo actualizar más a menudo, pero luego... En fin, la vida.

El caso, que como ya sabéis Vera hace ya que cumplió su primer año (ahora tiene casi 14 meses) y he pensado que, como hemos ido documentando por aquí cómo ha ido nuestra maravillosa, divertida y trabajosa experiencia con el BLW, pues estaría bien contar qué pasa a partir de ahora. Porque, aunque no mucho, hay cosas que cambian, y son cambios importantes.

Antes de nada, recapitulemos todos los post que he escrito hasta la fecha sobre BLW,  para que podáis seguir nuestra línea temporal:

1- El gran dilema: ¿BLW sí BLW no?

2- Dos meses de BLW: aspectos prácticos 

3- Seis meses de BLW: nuestro balance

Bueno, pues hasta aquí lo que ya está publicado. Ahora vamos con lo nuevo:

La leche ya no es el alimento principal

Vale: alimentación complementaria a partir del año. El cambio más importante tiene que ver con la leche. Ya sabéis que de los cero a los seis meses los bebés se alimentan exclusivamente de leche, sea esta materna o artificial, y que a partir de los seis meses se empiezan a introducir el resto de alimentos. Ahora bien, de los seis a los 12 meses todos los alimentos que no sean leche son un complemento de la leche (de ahí que se llame "alimentación complementaria") ya que esta sigue siendo su alimento principal. Esto significa que no se deben sustituir tomas de "comida" por leche, como es habitual, pero bueno, de esto ya he hablado en post anteriores, para quien le interese. Lo importante, repito, es que el bebé beba leche.

Pero esto a partir del año cambia. Aunque la leche sigue siendo un alimento importante en su dieta (deben de tomar como medio litro al día), esta deja de ser el componente principal de su alimentación. ¿Y cómo se lleva esto a la práctica? Pues bien, como sabéis, desde los seis hasta los 12 meses, Vera hacía cuatro tomas de biberón (sí, Vera ha tomado leche de fórmula), esto es, desayuno, comida, merienda y cena. En esas tomas, además del biberón, "comía" comida en el desayuno, la comida y la merienda. Cenar no cenaba nada más que su biberón con cereales (ahora ya está cenando "de verdad", pero de esto hablaré más adelante).

El caso, que como muchos ya sabéis, y si no os lo digo yo, durante los primeros meses de BLW y hasta que los bebés cumplen un año, la leche -sea pecho o biberón- se les ofrece ANTES de la comida. Esto se hace así porque los bebés deben llegar a comerse la comida -si es que les apetece- sin tener hambre. Sí, sé que suena paradójico, pero es así, y también hablé de ello en anteriores posts, así que tampoco voy a ahondar más en el tema.

El asunto es que, a partir del año, la comida "de verdad", la que no es leche, pasa a adquirir un mayor protagonismo. Así pues, mi idea era darle primero la comida y después ofrecerle el biberón, y si lo quería, bueno, y si no, pues nada. En mi cabeza, exceptuando los biberones de la mañana y el de la noche, que considero que van como aparte, mi idea era que ella fuera progresivamente entendiendo que la comida sólida era ahora la comida principal y poco a poco fuera demandando menos biberón después de la comida y la merienda hasta que lo acabase dejando por su propia voluntad y nos quedásemos en solo dos biberones, el del desayuno y el de la cena.

¡ Adiós, fórmula! No te echaré de menos

Pero en mi cabeza todo es muy bonito. La realidad, como suele pasar, fue otra. El caso es que, como Vera ya tenía un año, había llegado el glorioso momento de abandonar mi odiada leche de fórmula y cambiarle a la leche de vaca (las leches de continuación para bebés a partir de un año no son recomendables, es mucho mejor la leche de vaca. Hay mucha información al respecto por si queréis leer, aquí os enlazo un post).

Esto era algo que tenía muchísimas ganas de hacer porque, creedme, es mucho más cómodo. Primero, porque no tienes que estar pendiente de ir a la farmacia a comprar la leche cada vez que se te acaba, ya que compras leche entera (nunca desnatada o semi) normal en el supermercado. Segundo, porque los biberones son mucho más fáciles de preparar, sin tener que estar contando cucharadas con miedo de hacerlo mal y sin pasarte de la marquita al echar el agua. Tercero, porque cuando sales por ahí te olvidas, por fin, de los dosificadores y del termo, porque es muy fácil pedir leche en cualquier bar (no sabéis el estrés vital que tuve un día en el aeropuerto que nos retrasaron el vuelo y yo no tenía suficiente leche de fórmula para Vera, esto tomando leche de vaca no hubiera sido un problema. A partir de ahí siempre volaba con leche de sobra). Cuarto, porque es más barata y quinto pero no por ello menos importante, porque no me da asco. Le tengo un odio visceral a la leche de fórmula y os diré que en todo el año que ha estado tomándola Vera solo he sido capaz de probarla una vez. Pero bueno, esa es otra historia.

Estreñimiento, nuestro nuevo amigo

El caso, que Vera empezó con la leche de vaca y, al principio fue genial. Le encantaba (y le sigue encantando). Empezó a tomar mucha más cantidad de biberón (antes tomaba en torno a 180-200 ml por toma y con la leche de vaca empezó a tomar fácilmente 300) y se veía que lo disfrutaba más. Pero llegó el problema del estreñimiento. Se estriñó mucho, y ella nunca había sido estreñida. Y estuvo una semana pasándolo muy mal, en plan llorando cada vez que quería hacer caca, hasta el punto de que, aunque no quería, estuve planteándome volver a la leche de fórmula.

Pero antes de eso, intenté probar otras técnicas. Y dado que el exceso de lácteos fomenta el estreñimiento (sí, yo esto tampoco lo sabía, pero es así), decidí yo por mí misma dejar de darle biberón después de comer y de merendar y mantener solo el de la mañana y el de la noche, y así mejoró bastante la cosa (eso y una dieta ideada para que hiciera caca, hubo una semana que pensé que se le iba a poner cara de kiwi a la pobre). Total, que al final acabó estabilizándose. Estuvo como un mes que unos días hacía caca bien y al cuarto se estreñía. Entonces le metía extra de kiwis y ya hacía normal, y así sucesivamente hasta llegar a ahora, que ya hemos vuelto a la normalidad, aunque de vez en cuando hay algún día que le cuesta más, pero bueno, yo creo que ya como a cualquier niño.

Hemos empezado a cenar

En resumen, que en ese punto estamos, dos biberones al día, el de por la mañana y el de por la noche, y cuatro comidas sólidas: desayuno, comida, merienda y cena. Porque sí, ya ha empezado a cenar. A pesar de que en el post anterior que hice sobre alimentación os decía que me daba una pereza mortal empezar con las cenas, y así era, después de Navidad llegué a la conclusión de que no podía seguir dilatando más este momento y empecé a prepararle cenas. Es más trabajo, pero bueno, todo es organizarse y mentalizarse. Y la verdad es que muy bien, y no sé si son cosas mías pero lo cierto es que desde que ha empezado a cenar, la veo más gorda (y diría que no son cosas mías, porque ya me lo han dicho varias personas).

Una de las cenas de Vera: zarangollo. Calabacín, cebolla y huevo. Receta en mi Instagram. 

¿Y qué le preparo de cenar? Pues normalmente intento que sean platos vegetarianos (brócoli, colifror, verduras hervidas o al horno...) y si algún día da la grandiosa casualidad de que nos sobra algo de la comida, pues a la nevera para cenarlo otro día. Intento, eso sí, no darle dos veces en un mismo día proteína animal. Me explico: si por la mañana ha comido carne, pescado o huevo, por la noche le doy solo verduras o como mucho legumbres. Y los días que no come proteína animal sino vegetal en la comida, que son muchos porque en esta casa nos encantan las legumbres, ahí sí que le doy carne, pescado o huevo en la cena.

Otra cena: boniato al horno con trigo y quinoa.

Y en cuanto a las cantidades máximas, también las hay. Ya sabéis que en su día en os dejé las cantidades máximas recomendadas entre los seis y los 12 meses de carne, pescado y huevo en este post. Pero al cumplir el año, esas cantidades, lógicamente, aumentan. Pero yo, para ser sincera, ahora ya no las estoy siguiendo. Antes sí lo hacía, incluso pesaba la cantidad de carne y pescado que le ponía para no pasarme, pero ahora no. Yo echo lo que considero y que se coma lo que quiera. Y si se lo come todo, le echo más, por si quiere repetir.

Valió la pena el esfuerzo

Y creo que eso es básicamente todo lo que tenía que deciros... menos una cosa, que es, en realidad, la más importante. Desde que empezamos esta aventura en junio del año pasado, ahora es cuando más lo estamos disfrutando. Ahora es cuando más sentido le veo a todo y cuando estoy viendo los frutos del trabajo bien hecho. Es ahora cuando pienso que mereció la pena todo ese tiempo limpiando la comida que tiraba al suelo, toda esa paciencia que tuve viendo cómo un día detrás de otro parecía que no comía nada y solo jugaba, cuando era así, pero porque mientras jugaba, aprendía, y mientras aprendía, todo se asentaba hasta llegar al punto en el que estamos hoy. Es ahora cuando pienso que valió la pena esa fe casi ciega que tuve en este método que no seguía nadie de mi alrededor, que nunca había visto en directo y que muchísima gente -incluida su pediatra- cuestionaba.

Pero hoy, cuando veo a mi bebé disfrutar con un plato de lentejas, con un pescado al horno o comiéndose unas fresas mientras se relame, me siento la mar de satisfecha, la verdad. A diferencia de antes, cuando os decía que todavía no compartíamos el 100% de las comidas, ahora sí que lo hacemos: siempre comemos juntas y siempre comemos lo mismo. Y esto es así porque, sencillamente, Vera come de todo. Vale que intento adaptar las comidas a ella por ejemplo no echándoles sal, y vale que cuando digo que come de todo no significa que pueda comer una pizza (en realidad, por poder podría comérsela, pero yo no se la doy, a no ser que la haya hecho yo). Pero que sí, que a grandes rasgos come prácticamente todo lo que te puedas imaginar que esté abarcado dentro de la comida saludable. Y aunque sé que esto puede cambiar y pueden empezar a gustarle muchas menos cosas, yo pienso que le estoy poniendo las bases para una alimentación saludable, que es algo que le durará toda su vida. 

Y con esto no quiero ni mucho menos pavonearme ni regodearme diciendo lo buena madre que soy ni lo bien que come mi niña, simplemente intento animaros para que quienes estéis planteándoos empezar con esto, o para quienes acabéis de empezar y veáis como vuestro hijo se mete un trozo a la boca y acto seguido lo escupe. Estad tranquilos. No pasa nada. De verdad, no pasa literalmente nada.
Porque otra cosa que he aprendido desde que Vera cumplió el año es que, precisamente en esos seis primeros meses de BLW, cuando la leche sigue siendo el alimento principal de la dieta del bebé, esta es la "excusa" perfecta para "estar tranquilos" si el niño "no come". 

Qué más da que no se coma el aguacate que le has dado, o que haya mordisqueado la mitad de la hamburguesa de garbanzos que le has puesto y la otra mitad haya ido al suelo o vete a saber dónde. Da igual, él antes ha tomado su leche, y por lo tanto, está saciado, está alimentado, no tiene hambre y tiene todos los nutrientes que necesita. Esto es algo que luego piensas cuando ya has pasado el año y ya no le das la leche antes de comer: cuando ves que no quiere comer o que no come mucho, ahí sí que te pones algo más nerviosa, porque piensas que no ha tomado leche y que, ahora sí, va a a pasar hambre. Pero no, una vez más, el cuerpo es sabio, los bebés no son tontos y, como cualquier ser humano, si no quieren comer será porque no tienen hambre, porque les pasa algo o porque sencillamente quieren esperar un poco más. Aunque también he de deciros que a mí ya esto con Vera no me pasa: evidentemente hay días o semanas que está más comilona que otras, pero en general ella tiene totalmente interiorizados los momentos de comer y cuando se lo ofrezco, come. Tampoco hemos pasado ninguna de esas famosas "huelgas de hambre", y toco madera.

Así que nada, que si os apetece, os animéis, pero eso sí, informándoos bien. Y para mí informarse significa leer algún libro sobre la materia y, si es posible, hacer algún curso. Si no haces un BLW informado, no solo será peligroso, sino que además probablemente lo harás mal y lo acabéis dejando.

Y, por supuesto y como siempre, recalcar, enfatizar y subrayar una y mil veces que no me siento ni mejor ni peor madre por haber hecho BLW, al igual que no me siento ni mejor ni peor madre por haberle dado biberón a mi hija. Simplemente he hecho lo que me apetecía hacer, lo que consideraba que era bueno que hiciera y lo que me sentía cómoda haciendo, nada más y nada menos. Y afortunadamente, no todos los seres humanos pensamos lo mismo, el mundo es diverso y gracias a ello la Tierra sigue girando, así que, haz lo que consideres, lo que te haga estar feliz, tranquila, confiada y a gusto.

Y ahora sí que sí, creo que, por fin, he terminado. No sin antes deciros que para sentirme más segura y estar mejor informada sobre esta nueva etapa de alimentación que iniciaba Vera hace dos meses, hice un curso online de dos horas, impartido por la nutricionista Conchi García, que la verdad es que estuvo bien, os lo recomiendo.

Sin más, me despido hasta nuevo aviso. Y a los que hayáis llegado leyendo hasta aquí, os mando un beso y os doy las gracias.

Clara.


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Comentarios

  1. yo también he hablado con Conchi y genial! y gracias pos tu post, me has ayudado mucho. Mi niño acaba de cumplir 11 meses, también soy de biberón y me toca pasar a la transición del año!
    espero que me vaya tan bien como a vosotras :D besos

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