Dejar el chupete: nuestra experiencia

Como sabéis quienes me seguís en Instagram, las pasadas Navidades Vera dejó el chupete. Teníamos más o menos hablado que queríamos que lo dejara a los dos años (todavía recuerdo cuando, estando embarazada, en las visitas estas que tenía una vez al trimestre con la odontóloga de la Seguridad Social, ella me dijo que si la niña tenía chupete, tendría que dejarlo al año si no queríamos que le estropease la mandíbula. Yo, en mi ignorancia, le dije que sí, que así lo haríamos. Ahora me da risa solo de pensarlo jajajajajaja ).

Total, que lo hicimos en Navidad. Yo quería que fuera en vacaciones porque así estábamos los dos juntos -su padre y yo- todo el rato para comernos los marrones de las malas siestas o noches que vinieran, y no solo uno. Así que acordamos que sería en Navidades, aunque todavía no teníamos muy claro cómo íbamos a proceder.

Yo, que como ya he dicho alguna vez por aquí soy una agonías, había leído varias y variadas teorías sobre cómo llevar a cabo esta delicada cuestión. No quería simplemente que un día el chupete desapareciera porque sí. Quería que ella, más o menos, lo entendiera, y especialmente y en la medida de lo posible, que estuviera de acuerdo. Así que llegué a la conclusión de que lo mejor era que organizar alguna especie de sarao en la que ella entregase el chupete a algo o a alguien, pero que fuera ELLA quien decidiera entregarlo, sin obligaciones. Evidentemente, esto venía con un convencimiento previo por nuestra parte, pero la decisión final tenía que ser suya (luego entro más en detalles de esto).

Total, que en eso estábamos hasta que un día vi que cerca de casa de mis padres había un "árbol de los chupetes", esto es, un árbol en el que los niños iban a dejar sus chupetes cuando se hacen mayores y ya no los necesitan. Al lado, había un cartel con un pajarito dibujado en el que explicaba que en ese árbol vivía un pájaro que le encantaban los chupetes, y que los niños iban ahí a dejarle sus chupetes para llenarle su árbol de colores. Se lo enseñé a Vera, estuvimos viendo los chupetes de los niños, le enseñé el dibujo del pájaro cogiendo los chupetes, que le hizo más o menos gracia, y le expliqué que como ella ya había cumplido dos añitos y era muy mayor, íbamos a ir a dejarle los chupetes a ese pajarito que le gustaban tanto, porque ella ya estaba preparada para dormir sin chupete. Eso fue dos semanas antes de dejarlo.


Antes de decir cómo fue el acto en sí, supongo que procede poneros un poco en antecedentes de cuál era el uso que Vera le daba al chupete. Vera usa chupete prácticamente desde que nació. Vamos, que es una niña de chupete, siempre le ha gustado y era su recurso para dormir. Sin chupete, era muy muy difícil que se durmiera (solo alguna vez si estaba muy cansada en el coche o andando en el carrito por la calle) pero en lo que venía a ser el dormir "oficial", esto es, las siestas y la noche, necesitaba el chupete sí o sí. Y bueno, de hecho, necesitaba sus chupetes, en plural, porque ella dormía con TRES chupetes, uno en la boca y otro en cada mano. Sí, ese era el panorama. Es verdad que desde que cumplió un año intentamos que fuera reduciendo la dependencia, pero fue eso, un intento. Lo que le dijimos a partir del año es que el chupete era solo para dormir, e intentábamos que los usase solo durmiendo y luego los dejase en la cama. Pero bueno, esto es solo la teoría, porque la realidad es que cada vez que veía uno por casa se lo ponía. Así que podemos concluir que a partir del año solo utilizaba el chupete en casa. Lo que nunca hacíamos a partir del año era salir con chupete a la calle, siempre lo dejábamos en casa (exceptuando el coche y cuando había que coger aviones. Ahí sí lo utilizaba).

Y luego la verdad es que sus hábitos de sueño eran - y afortunadamente siguen siendo- gloria bendita. De esto tampoco es algo de lo que me guste hablar mucho porque sé que muchos niños no duermen bien y esto es un verdadero martirio, una verdadera tortura para sus padres -madres especialmente-, y siento que si explico cómo duerme Vera, de alguna manera estoy "fardando" o, lo que es peor, mintiendo. Y no es así, nada más lejos de mi intención, creedme. Lo que pasa es que tengo que hablar de ello para que el post tenga una coherencia global.

Así que os cuento: normalmente, Vera duerme toda la noche sin despertarse (a veces, lo típico, que quiere agua y poco más, pero lo normal es eso, toda la noche) y solo se echa una siesta después de comer de una hora/hora y media. Y se dormía ella solita: yo la dejaba en su cama (desde los 15 meses no duerme en cuna) totalmente despierta -por la noche con la habitación a oscuras-, ella cogía su ristra de chupetes, se ponía un rato ahí a hablar de sus cosas y poco a poco se iba durmiendo. Lo que yo os digo, gloria bendita, porque era totalmente autónoma en lo que a dormirse se refiere. Y qué queréis que os diga, qué felicidad, porque cuando ella se duerme es cuando de verdad empieza MI día, el tiempo para MI. Sé que todas las que estáis leyendo esto me entendéis.

Así que, como entenderéis, esto es algo que yo no quería perder, porque es muy muy cómodo. Así que cuando en mitad de la crisis de quitar el chupete vi que todo esto peligraba, maldije el día en que decidí quitárselo. Pero, por suerte, todo volvió a su cauce. Hicieron falta exactamente nueve días para que todo volviera a su cauce.

Os cuento un poco más sobre cómo fue el propio día de dejar el chupete: el primer día que estábamos de vacaciones de Navidad en casa de los abuelos, fui a Tiger y le compré una cajita así mona en la que le metí un doudou (no sé si se escribe así) de unicornio con el que ella dormía cuando era muy pequeña pero del que no se acordaba. Se lo dimos a modo "regalo" acompañado de una nota en la que decía que ese iba a ser su nuevo amiguito para dormir, porque ella ya era muy mayor y estaba preparado para dormir sin chupete. [Spoiler: ahora duerme con ese doudou y con un peluche mío de cuando era pequeña que estaba en casa de mis padres y se que ha agenciado]. Después de dárselo, le preguntamos si quería bajar a entregarle sus chupetes al pajarito (en la caja con el unicornio venía también el lazo con el que colgaríamos los chupetes del árbol) y nos dijo que sí. Por el camino, fuimos repasando lo que íbamos a hacer, porque teníamos muy claro que ella tenía que ser consciente de lo que estaba haciendo, no queríamos engañarla ni hacerlo a traición. Así que lo fuimos hablando. Vera es una niña que habla mucho y que entiende lo que le dices, así que es fácil tener una conversación con ella. Así que por el camino le preguntábamos: "¿Vera, adónde vamos?", y ella respondía: "a dejarle mis chupetes al pajarito". Y luego le decíamos: "¿ y por qué?", y ella respondía: "porque ya tengo dos añitos y soy una niña muy mayor y puedo dormir sin chupete". Bueno, igual esas no fueron las palabras exactas, pero en líneas generales esa fue la conversación.

Total, que bajamos al parque, dejamos los chupetes (ella misma los puso en el árbol), nada más hacerlo le aplaudimos un montón, le cantamos el campeona campeona oé oé oé (que le encanta y lo reservamos para las grandes ocasiones) y nos subimos a casa tan contentos a comer. Después de comer, venía la siesta. Ella misma al acostarse ya decía que iba a dormir sin chupetes, porque se los había dejado al pajarito. Total que se acostó (yo le insistí en que ahora tenía su unicornio para dormir) pero no se dormía. No lloraba ni pedía sus chupetes -en todo este tiempo sin chupetes nunca nos los ha vuelto a pedir-, sino simplemente no se dormía, pero estaba contenta. Así que nada, no pasaba nada, era el primer día, era normal, la sacamos de su cama y ya está.

El hecho de que no se echara siesta pues hizo más fácil lo que en un principio pensábamos que iba a ser lo más difícil: la noche. Como estaba reventada por no haber dormido la siesta, por la noche caía enseguida. Y aunque yo estaba ya mentalizada para pasar varias noches sin dormir, lo cierto es que no pasamos ni una noche en vela. Así que, en ese sentido, no pudo ir mejor: por las noches se dormía en seguida porque no podía con su alma, y luego dormía toda la noche de corrido.

Lo "único" que fueron mal fueron las siestas. Y lo pongo entre comillas porque sí, será solo una cosa, pero yo por el momento no puedo vivir sin las siestas de Vera. Es así de sencillo. Así que nada, cuando creía que por culpa de haberle quitado el chupete nos habíamos quedado sin siestas, me arrepentí mucho de habérselo quitado. Pero bueno, mi maravilloso bebé que es más buena que el pan volvió a dormir la siesta. Eso sí, tardo exactamente nueve días en volver a echársela. Nueve días en los que mi paciencia se puso bastante al límite, para qué os voy a engañar. Porque otra cosa que os adelanto es que al quitarle el chupete notamos que todo el tema de las rabietas, esto de tirarse en el medio de la calle a llorar etc, ese tipo de cosas que hasta entonces nunca había hecho.... llegaron. Yo no sabía si era síndrome de abstinencia del chupete, si es que el quitarle el chupete había desatado la llegada de los terribles dos o si era que iba siempre tan cansada de sueño por no dormir la siesta que no se aguantaba a sí misma (probablemente fuera una conjunción de las tres cosas), pero pasamos unos 10 días regulares, por no decir malos. Pasadas unas dos semanas en las que yo pensaba que me habían cambiado a mi bebé sin que yo me diera cuenta, poco a poco las cosas volvieron a estabilizarse y Vera volvía a ser más o menos la de siempre, aunque los terribles dos siguen estando ahí, pero más calmados (o yo me he calmado y he aprendido a gestionarlos mejor, no sé).

Total, que al final fue muy bien:durmiendo por la noche sin problema desde el primer día y la siesta llegó al noveno día, gracias al cielo. Y nada, lo que ya he dicho, no ha vuelto a pedirlos ni una sola vez, y de hecho, alguna vez ha pasado por el árbol donde los dejó y ha ido a mirarlos, pero sin más.  Así que bueno, yo creo que hasta aquí está bien la Biblia -no sé escribir post cortos, sorry- de cómo nos fue dejar el chupete, ¿no creéis? Y si, a todo esto, alguien que lea esto se ha preguntado algo así como "jo, pero y por qué tanto empeño en dejar el chupete, porque no la dejas que sea feliz y punto?", pues bueno, responder que aparte de lo obvio -todo el tema de cómo puede afectar negativamente al paladar etc-, yo ya sabía que en los próximos meses Vera iba a tener que enfrentarse a una serie de cambios gordos en su vida (el más gordo una mudanza y cambio de ciudad, de esto quizás os hable en otro post, + dejar el pañal en algún momento, a ser posible antes de septiembre que empieza el cole y también, precisamente, empezar el cole -Vera no va a la guarde así que va a ser otro cambio heavy para ella-). Así que creímos que era mejor ir haciéndolo todo de una forma progresiva y la verdad es que ahora estoy muy contenta con haber tomado esa decisión.

Sin más, creo que no me dejo nada por contar, si os queda alguna duda podéis ponerlo en comentarios. Un abrazo y, como siempre, gracias por leer.

Clara.



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